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Quiero ser como Tú…

 



Tenía como 8 años, y no había nada que pudiera distraerlo. Es como si memorizara con su mirada los gestos, las palabras y el volumen de su voz. Y tomando un poco de distancia, vi que hasta tenía una forma de estar de pie que era exactamente igual. Toda su atención y mirada puesta sobre él, sobre su papá...

Me quedé muy conmovida, y me puse a pensar en el misterio y privilegio de ser un padre que busque ser imitado y admirado por su propio hijo.

Creo que seamos pequeños o grandes, todos queremos imitar y vivir como aquella persona que tanto admiramos y amamos. Y buscamos entonces encarnar sus virtudes, sus buenos hábitos, esos buenos sentimientos o esas grandiosas ideas…

Y me vino esta escena del niño cuando quise describir lo que Dios me habló hoy al rezar el Evangelio de este domingo. Dice varias verdades importantes, pero me quedé en una parte que más de una vez pudo ser incomprensible o parecer ilógica:

“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará” Mt 10,37-39

No sería nada raro que, al leerla, le hagamos 3 preguntas:

·         ¿Por qué nos pide cargar la cruz?

·         ¿Por qué nos pide perder la vida?

·         y más confuso aún: ¿Por qué amar menos a los que más amamos?

 

Pero en realidad, con un poco de objetividad y con la luz de la fe, nos daríamos cuenta que las preguntas así formuladas tienen una forma tergiversada de entender lo que en realidad Jesús nos quiere decir…

En primer lugar, nos pide cargar la cruz, pero no cualquiera, sino MI cruz, aquella que pude construir a causa de mis faltas, errores, y mis malas decisiones. Una cruz que no fue enviada por Jesús. Y que creamos en Él no, es la cruz que existe por realidad del sufrimiento que atraviesa y vive todo ser humano, pues la vida es así: con gozos y con pruebas…

En segundo lugar, no nos habla sólo de un perder la vida, desgastarla o dejar de vivir. Nos habla de “perder la vida por Jesús”. Un tomar nuestra simple y pequeña vida humana, para entregarla a Aquel que es LA MISMA VIDA, que es LA VIDA ETERNA, que es el DUEÑO DE LA VIDA. Y así, con un poco de matemáticas o un poco de economía, entenderíamos que se trata de una gran inversión: poner nuestra simple vida en sus manos, para ofrecernos una infinitamente más plena y mejor. Un entregar la vida al que nos dio la vida, para que nos la devuelva llena de gracia, de gozo, de plenitud y de todo aquello que hemos soñado siempre. Es este ciento por uno, este mil por uno…

Y, en tercer lugar, comprender que nos pide amar a Jesús más que a los que tanto queremos. Pero no nos pide odiarlos, renunciar a ellos o dejar de amarlos. ¿No estará hablándonos también de otro maravilloso negocio de amor? Si. Amar primero a Jesús, para que, poniendo nuestra pequeña vida y corazón en el suyo, nos de la MEJOR GARANTÍA de poder entregar el mejor amor a los que tanto queremos. Llenar nuestro pequeño corazón con su amor y gracia, para que, al unir nuestro pobre amor al suyo, podamos ofrecer a los nuestros lo que no seríamos capaces de entregar con nuestras propias fuerzas…

Y si al inicio les conté esta escena del niño admirando a su padre, es porque la bendición de este Evangelio creo que no acaba sólo en estas tres preguntas.


@daivadesign

Creo que el amor inmenso, misterioso e indescriptible de Jesús se revela más grande aun cuando entendemos que las tres preguntas y respuestas, empezaron con tres acciones vividas PRIMERO en Jesús. Me pide tres realidades que las vivió primero:

Porque Tú mi Señor,

Tomaste no tu cruz, sino la mía, abrazándola con amor para que yo sea sólo tu cireneo y tu compañera de mi cruz cargada por ti. Tomaste mi cruz haciéndola tuya.

Perdiste tu vida a cambio de la mía, porque no sólo moriste como hombre en el calvario, humillado y torturado. Moriste como Dios para rescatarme a la vida eterna. Y sufriste más que cualquier ser humano en esta agonía, para que mi vida entregada en tus brazos de frutos de resurrección y vida plena.

 Y amaste mi vida de tal manera, que pudiste experimentar la soledad del abandono de tu padre. Pudiste entregarme a tu Madre, renunciar al amor de tus amigos y de quien fuera necesario para amarme más y más cada día.

Sólo me queda entonces mi Señor, que espontáneamente te admire más, te contemple más y pueda querer imitarte, encarnarte y ser como Tú.

Sólo me queda desear cada vez más estar unida a ti, y por eso quiero cargar mi cruz como Tú la llevas, entregarte mi vida como Tú la diste y amar a los míos como Tú me enseñas.

AMEN

Mt 10, 37-42

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Les animo a que escuchen esta linda canción. Es Él respondiéndonos también a estas 3 preguntas que le hacemos...



 

 


Comentarios

  1. Magali ,gracias x esta reflexión, tan valiosa cargar nuestra cruz con Jesús.

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