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Mostrando entradas de 2025

Mi familia

  Esta es una de las fotos que más me gusta al recordar a mi familia. Fue tomada hace muchos años como comprenderán, pero me recuerda la experiencia hermosa que he tenido siempre de sentirme tan amada, protegida y comprendida por los míos. Los años han pasado… pero el amor y la gratitud por ellos, y por los demás alrededor, sigue creciendo. Mi familia ha tenido siempre gestos y palabras que, al decirlas, me despiertan historia y gozo. Compartimos recuerdos que pueden traernos lágrimas, tanto de alegría como de dolor, pero que se vuelven llevaderos porque ellos comprenden muy bien lo que hay en mi corazón. Ellos me han mostrado lo que es el amor concreto, lo que no se negocia y lo que puede crecer cada vez más. Ellos me han mostrado lo que significa la entrega y el sacrificio por amor. Mi familia es ese espejo que me recuerda quién soy y qué busco ser; la que ha puesto palabras en mi boca para entender la vida y la que siempre ofrece un refugio seguro y hombros generosos para de...

Estrellas en forma de cruz

  Desde que planeé armar el nacimiento en mi nueva casa, me entusiasmó la idea de hacerlo bajo esta pared llena de cruces. Y estoy contenta porque me ayuda mucho a relacionar más estos dos misterios… Uno podría preguntarse qué tiene que ver el tema de la cruz, del dolor de Jesús con esta etapa del año que nos remite más a la ternura, sencillez y alegría. Pero creo que todos también podemos reconocer que en nuestra vida las dos realidades pueden ir de la mano. En más de una oportunidad todos hemos podido experimentar una gran alegría que fue de la mano con un sufrimiento. Y es que así es nuestra vida, así es nuestra humanidad. Y Dios nos ama tanto, que viene a estar con nosotros en todas las etapas de nuestra vida: en los veranos y primaveras, pero también en los otoños e inviernos. Dios viene para quedarse en TODO momento de nuestra vida porque viene a vivir, a caminar, a reír, a cargarnos y a permanecer para siempre a nuestro lado. Es más, ¿Qué sentido tiene la Navidad y el que Di...

El misterio de la alegría

  Sea intensa o simple, todos queremos experimentar la alegría. Es una de las emociones básicas de nuestra humanidad, que nos puede llevar a disponer nuestra vida de otra manera. Es esa emoción que nos puede llevar a ver las cosas con luz y colores más vivos y a darnos fuerza para realizar tareas difíciles. Es la que nos permite pasar situaciones difíciles de una forma más llevadera. Es un estado de ánimo que lleva a despertarnos y levantarnos con ganas de lograr grandes metas y la que nos ayuda a poder ser agradecidos con los que recibimos. Es una emoción que nos abre los oídos y todos los sentidos de tal manera que podemos disfrutar dulcemente de las cosas más sencillas de la vida y de nuestra vida cotidiana. Es esa emoción que nos lleva al asombro y en la que nos sentimos más cercanos a los niños. Todos alguna vez en la vida hemos tenido esa experiencia tan agradable de haber estado necesitando algo importante y llegó. Y al recibirlo sentimos la sensación de que ha encajado ...

Reiniciar...

  El otro día me encontré en una situación que seguramente les ha sucedido a ustedes: después de varias horas de trabajo, mi computadora comenzó a ralentizarse. Los programas tardaban en responder, y no podía avanzar igual. Recordé que hacía días que no la había apagado, dejándola solo en modo de hibernación. Entonces decidí reiniciarla. Esperé unos minutos con paciencia y vi que valió la pena. La máquina volvió a trabajar bien. Esta simple historia me llevó a un simple paralelo con lo que estaba rezando sobre el Evangelio de este Segundo Domingo de Adviento, cuando la Iglesia nos invita especialmente a la conversión. Este pasaje comienza con las palabras Juan Bautista desde el desierto: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». Este es el que anunció el Profeta Isaías diciendo: «Voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”» (Mt 3, 1-3). Espero que esta tan simple comparación no les moleste y les pueda ayudar un poco a c...

Esperando visita...

  Qué emoción se vive cuando preparamos la visita de alguien querido a nuestra casa. Esperamos la llegada de ese día preparando y disponiendo todo para que esté a gusto, para que se sienta bien y perciba el cariño que le tenemos con detalles y esfuerzos. Cuando sabemos el día y la hora que vendrá, podemos organizar y planificar mejor cosas más especiales y elaboradas. Y todo con entusiasmo porque nos llena de alegría el corazón. Pero existen también esas personas a las que queremos tanto y que le tenemos una confianza tal, que no tienen que anunciar su visita, pues pueden llegar en cualquier momento para hacernos compañía, para contarnos algo nuevo o para quedarse en silencio y comunión haciéndonos compañía. Personas que ocupan un lugar mucho más profundo en el alma. Y tal vez por ser tan especiales, les guardamos en la despensa lo que tanto le gusta, o tenemos siempre a la mano lo que sabemos que necesitará. Son esas personas que ocupan un lugar indispensable en nuestro camino...

Huellas en la nieve

  Me encanta la historia de San Wenceslao. Un rey que amaba mucho a su pueblo y sufría al verlos pasar necesidad. Cuentan que un día de crudo invierno quiso cruzar el pueblo a pesar de la nieve y distancia para llevar alimento y ropa a un hombre que pudo ver desde su palacio. Y decidió hacerlo descalzo.   Pidió la compañía de un hombre de su corte, quien, abrigado y con un buen calzado, empezó a caminar junto a él con temor al frío. El buen rey viendo cuánto le costaba, le dijo que camine detrás de él para pisar sobre las huellas que iba marcando. Y ocurrió un milagro, pues cada huella de su rey descalzo, estaba caliente y abrigaba su caminar. Y este domingo que celebramos la solemnidad de Cristo Rey, me vino el recuerdo de esta bella historia. Jesús es el verdadero Rey del universo y de nuestra vida, quien nos ama más que cualquiera. Es un día para dar gracias por tener como Rey a Cristo, quien por buscarnos viajó tanto, trascendiendo el tiempo y las distancias incompre...

La terquedad

  La terquedad se puede definir como “la actitud de una persona que se mantiene en sus ideas, opiniones o deseos, aun en contra de razones convincentes”. Es probable que conozcamos a más de una persona con estas características, o incluso que nosotros mismos seamos así. Estas personas pueden llevarnos a desencuentros, peleas o resentimientos por diversos temas. Nos sorprende, entonces, lo aferradas que pueden estar a un pensamiento o intención, lo que les impide ver las cosas desde otra perspectiva. Tienen una seguridad impresionante en sus convicciones, lo que las lleva a actuar con firmeza en lo que creen. Pero creo que la fuerza que revela una persona así, puede ser de mucha utilidad cuando es orientada y guiada hacia algo bueno e importante. Traigo esta característica humana porque al meditar en el Evangelio de este domingo, me dejó resonando cómo acaba esta cita. Como sabemos, estamos en las últimas semanas del año litúrgico y, en ellas se hace referencia a los signos de...