Son dos palabras que podrían parecer sinónimas y no lo son. La persona ingenua no comprende del todo lo que ocurre en la realidad. Podría también ser inocente, pero sin saberlo. No tiene suficiente experiencia de vida para identificar la maldad, los defectos o las heridas que pueden ocasionar los demás. Un ejemplo son los niños, quienes no sufren ni se decepcionan de las personas porque no identifican el lado negativo o el pecado de otros. Todos hemos sido niños y ocurrió que, con los años empezamos a descubrir que no todo es “color de rosa”. La inocencia, en cambio, implica no haber ocasionado daño; implica no ser responsable del problema o dolor que hay. Y se agrega a ello que la inocencia se identifica para cada situación, de caso en caso, pues podríamos ser culpables de una realidad y ser inocentes de otra. La ingenuidad es una condición, una forma de ver la realidad con cierta limitación de conciencia, de recursos, de edad o de decisión. Creo, además, que incluso hay p...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...