Un pozo de agua es esa fuente de la cual luego de cavar hondo podemos sacar algo tan
necesario para no tener sed. Es una figura inspiradora para comprender lo que
es remitirnos a esa fuente necesaria a la que acude todo ser humano para que,
periódicamente, busque eso que lo mantiene vivo y feliz.
Este domingo
meditamos en el hermoso encuentro entre una mujer samaritana y Jesús,
justamente en torno a un pozo. Esto me llevó a considerar que, así como fue a
buscarla allí, también Jesús en todo momento nos busca, porque tiene sed de
nosotros y nosotros tenemos sed de Él.
Creo que
todos tenemos un pozo en el corazón; uno que está allí, lo sintamos o no. Y
que, a la vez, tenemos otro que es su reflejo, al que tenemos acceso y vemos de
forma más concreta y cotidiana.
Trataré de
compartir esta experiencia en una oración que escribí. Espero que pueda
ayudarnos a categorizar y meditar en algo tan hondo y profundo como el pozo que
guardamos tú y yo.
Juan 4, 5-42
Tengo un pozo al que voy todos los días, o aquellos en los que me
acuerdo que tengo sed. Un pozo que se fue construyendo con los años, con mi
historia y decisiones. Uno que se ha ido llenando con el agua del amor de los
míos. Llenado con el agua de los logros y buenas decisiones, las recompensas
recibidas y los talentos multiplicados.
Tengo un pozo con agua de rostros y voces, que me ha calmado la sed
humana y el hambre de encuentro. Un pozo que lleva mi nombre y apellido. Ese
que muchas veces se ensucia con mis defectos, pecados y caídas, a pesar de que
lo quiera tanto. Un pozo de agua humana con mi firma y sello. Es ese que
comparto a otros y que ha sido solidario con otros más vacíos o sin balde.
Pero llegas Tú, sediento y amante. Llegas pidiéndome que sacie tu sed
divina con esta agua desnutrida y sencilla. Llegas, y mirándome me dejas
comprender que este pozo cotidiano es el reflejo de otro que tengo aquí, más
adentro todavía.
Me hablas de un pozo aquí dentro, que solo se llena con la paz de tu
palabra y con tu amor y presencia. Un pozo aquí dentro que, con la gracia que
me das, hace levantar mi balde y vasija para recoger tu agua bendita y divina.
Agua de este pozo de mi espíritu, recibida en el bautizo, que enriquece
mi pozo cotidiano. Agua que lava y purifica, y que hace el milagro de unir mi
agua humana con la tuya. Agua viva la tuya, que es una fuente viva, haciendo
borbotear y subir de nivel la mía de tal manera que empieza a rebalsarse hacia
fuera, regando la tierra y repartiéndose abundantemente a los otros.
Tu sed con la mía. Tu amor rebosando el mío. Agua viva con la mía,
llenando el pozo de mi corazón. Un pozo aquí dentro que se va llenando y
rebalsando de alegría, ternura y esperanza.
Agua dulce y tan sana la que me das para compartirla con los míos, que
son también los tuyos.
Señor, que mi pozo aquí dentro rebalse cada vez más. Que en el día a día
esté lleno de tu agua unida a la mía. Que la sed del mundo lo comprenda. Que la
sed del mundo se sacie solo con esta Agua: esta que trae la verdadera paz.
Amén
“El
agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta
hasta la vida eterna”
Jn. 4, 14


Señor, que mi pozo se llene siempre de tu luz y así poder obrar como tu. 🙏🏻
ResponderEliminarGracias Magali x tan linda Reflexión.Señor dame de beber!!!
ResponderEliminarGracias hermosa reflexión...mi alma tiene sed de tí Señor...espero en tí con confianza plena de que llegarás a llenar mi fuente e iré calmado mis ansias, mis cansancios, mis vacíos...espero una vida 💛 plena en tí Señor, que me lleve por caminos de paz, amor y servicio.
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