El perdón es una de las experiencias
humanas más difíciles de experimentar y vivir. Perdonar implica dejar de lado
la venganza ante el daño recibido, implica pasar a otra página para que el
corazón deje de estar aferrado a una experiencia dolorosa, injusta, humillante,
violenta que nos hizo daño.
Y cuando esta experiencia invita a
ser vivida con aquella persona que amamos más, es algo sumamente difícil de
vivir. La herida y el dolor puede llevarnos como a estar anestesiados y paralizados,
sin dejar de asombrarnos por haber recibido una herida tan grande de alguien en
quien confiábamos mucho, de aquella persona a quien pusimos el corazón en la
mano, con la que crecimos o aquella que vimos y ayudamos a crecer. Muy difícil y
a veces hasta imposible.
Tal vez por ello el perdón es una
verdadera muestra de amor, porque implica confiar y mirar a esa persona con
ojos de amor nuevamente, porque implica decirle: “sé que eras consciente del daño
y a pesar de eso lo hiciste, y yo aunque me cueste olvidarlo quiero volver a
confiar en ti”.
Sólo decirlo parece imposible, y por
ello quedémonos con la tranquilidad que la invitación de amar perdonando no
depende solo de nuestras fuerzas: es indispensable la ayuda de la gracia de
Dios.
El verdadero perdón es un acto que
requiere de algo sobrenatural, capaz de poder levantar el alma, el corazón, la
mente y la libertad para decir sí nuevamente.
Jesús comprende mejor que nosotros lo
que pasa por nuestra cabeza y corazón, sabe la versión completa de la historia.
Sabe lo que esa persona vivió y lo que nosotros hemos experimentado, sabe el contexto
perfecto y la conciencia que vivió esa persona, sabe lo que nosotros sentíamos
por esa persona y lo que fuimos capaces de hacer por ella. Sabe las
circunstancias de todo, sabe del arrepentimiento o no arrepentimiento de esa
persona, sabe la dimensión de nuestro dolor. Sabe, comprende y siente lo que vivimos todos…
Y a pesar de ello, Jesús nos pide hoy
perdonar 70 veces 7, lo que en la Biblia significa siempre. Y lo hace con una
comparación increíble donde nos deja claro que la persona que más ha sido herida
por la humanidad y quién más ha perdonado ha sido Jesucristo, Aquel que junto
al perdón nos muestra en la Cruz lo que es capaz de hacer su infinito amor por
cada uno de nosotros.
Nos pone una parábola en la que se
hace una comparación abismal y queda corta entre nuestra deuda con Dios y la de
los demás con nosotros. Nos narra en la historia sobre el primer hombre que no
quiso perdonar una deuda de 100 denarios (donde 1 denario era el pago de un día
de trabajo), mientras que el señor bueno le había perdonado a él 10,000
talentos (donde 1 talento equivalía al trabajo de todo un año, haciendo de los
10,000 talentos una deuda de más de 3 millones de denarios, equivalente a
10,000 años de trabajo. Una diferencia abismal…
Pero incluso esta comparación no es nada
en relación a la deuda real que tenemos con El, en relación al daño que
nosotros recibimos de los demás.
Nos queda claro que más allá de las
comparaciones, Jesús comprende y sufre por nuestras heridas y dolores y
entiende la injusticia que hemos recibido. Y a la vez, ver su ejemplo, su
entrega y amor en la cruz nos lleva a mucho por agradecer. Nos lleva a no dejar
de admirarnos por el misterio de su amor. Y nos lleva a lanzarnos en sus brazos
para que pueda darnos toda la fuerza, la gracia, el ánimo y el ejemplo para atrevernos
a perdonar.
Y a este reto, pongámosle un reto que
puede ser más difícil aún: cuando el deudor, el que nos ha herido somos
nosotros mismos. El reto de saber perdonarnos a nosotros mismos y dejarnos
perdonar por Él.
Y ante ello, también está la mirada
misericordiosa de Jesús que también nos abraza y nos perdona primero. Y con su
perdón, su ternura, su mirada de esperanza nos enseña a mirarnos en un espejo
para entender que a pesar del daño y las heridas causadas a nosotros mismos y a
otros que amamos, el amor vence todo, lo soporta todo y el amor de Dios es
capaz de transformar la oscuridad en luz y en un nuevo amanecer.
Que esta semana viendo el ejemplo del
perdón de Jesús en la Cruz tomemos la decisión de querer perdonar, de perdonar
mejor y renovar el amor por todos aquellos que pudieron hacernos daño de alguna
manera.
Y tal vez, también sincerarnos para
ver si entre estas historias preguntarnos si haya temas para perdonar o para
reconocernos a veces susceptibles, egocéntricos, vanidosos o complicados por lo
cual vemos injusticias o daños donde no hubo ninguna intención y fue solo casualidad,
accidente o sencillamente no era para tanto.
Un sacerdote que tenía una frase muy
sabia: “usa la venganza y serás feliz 1 minuto, vive el perdón y serás feliz
eternamente…”.
Elevemos la mirada y decidamos perdonar
para ser felices eternamente, para amar sin límites y para saber trascender a
los que amamos poniendo en una balanza la vida compartida, las bendiciones
recibidas y aquellas caídas.
Elevemos la mirada para agradecer al
que nos perdonó 10,000 talentos, a Aquel que ha pagado toda la deuda por
nosotros, para poder así perdonar los 10 o 100 denarios…
Mt. 18, 21-35
https://www.youtube.com/watch?v=N82W-QIkOsQ



gracias Magali por invitarnos a perdonar como Jesús
ResponderEliminarMuchas gracias hermoso mensaje.
ResponderEliminarMe hizo refexionar que hermoso muchas gracias Magali .Bendiciones cuidate mucho 🙏
ResponderEliminarMuy buena reflexión. Muchas gracias por compartir. Un abrazo.
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