Me
encanta ver en los pasajes del Evangelio, como el de este domingo, cómo Jesús
no se deja llevar por las presiones y exigencias de los demás. Tenía personas
que le tenían envidia o que se sentían incómodas con su presencia, por lo cual
lo buscaban de tal manera que, en la actualidad, hasta podría decirse que le
hacían algo parecido al bullying:
lo molestaban sistemáticamente y le ponían trampas para humillarlo y dejarlo
mal ante los demás. En este pasaje se ve cómo le tendían una trampa para que
dudara, se equivocara y terminara siendo rechazado:
«En
aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron
algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: “Maestro, sabemos
que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que
Pero Él no se deja intimidar. Con claridad
les advierte que sabe cuál es la verdadera intención de la pregunta. Habla
claro, directo, seguro y sin miedo; porque su motivación nunca estuvo en buscar
la aprobación de todos o ser valorado por los otros, y menos aún en tomar una
decisión “política” para responder correctamente.
Y entonces, les da una brillante
respuesta. Una según la verdad, una que les da una nueva enseñanza, una en la
que muestra una vez más que Él es nuestro maestro, nuestro modelo, nuestra
referencia y nuestra vida. Les muestra la verdad de la moneda…
No eligió una de las dos alternativas
propuestas. Ofrece una frase que ha pasado a la historia y nos deja una
fundamental lección para nuestra vida:
«“Enseñadme la moneda del
impuesto”. Le presentaron un denario. Él les preguntó: “¿De quién son esta
imagen y esta inscripción?”. Le respondieron: “Del César”. Entonces les
replicó: “Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”» Mt 22, 19-21.
Jesús comprende ambas opciones: por un
lado, invita a dar al César lo que es del César, dar al trabajo lo que le
corresponde o dar al tiempo lo que le toca. Es consecuente con lo que cada
circunstancia de nuestra vida nos exige y convoca.
Pero la gran diferencia es que ha
reservado siempre lo esencial, lo fundamental, lo que no se negocia ni se
reduce, como lo más importante.
No nos invita a evadir las
responsabilidades que tenemos, y menos a justificarlo con el compromiso con
Dios como excusa. Pero nos deja claro que hay Alguien a quien no se le reduce
el amor, a quien no se le pueden dar las sobras del corazón, a quien solo se le
ofrece lo mejor de la vida, los tesoros más preciados. Y esta persona es el
mismo Dios.
Hoy nuestro mejor Maestro nos deja
claro que lo esencial no se mueve, no se negocia, no se duda ni se remata.
Jesús sigue adelante, continúa predicando, curando y amando a todos. Y los
comentarios, ofensas y trampas de unos cuantos no vulnerarán la grandeza del
amor del Padre, su misión y el horizonte infinito del cielo.
Hoy hagamos, pues, el firme propósito
de bajar el volumen a los comentarios, los halagos, las críticas y aquellos
temas que puedan robarnos la paz y hacernos dudar de lo verdaderamente
importante.
Hoy renovemos nuestro amor al único
que nos trae la felicidad y el único que no vino a exigirnos premios y
recompensas. Hoy es un día para recordar una vez más que Jesús solo vino para
servir y para llevarnos al cielo prometido. Y nos pide mantener la mirada en el
verdadero horizonte de nuestra vida.
Señor,
Quiero darte mi corazón, la prioridad
de mis pensamientos, la primacía de mis acciones y opciones.
Hoy reconozco que Tú eres el punto de
partida y la apuesta de mi vida.
Y
es que no hay con qué ni con quién compararte,
porque Tú no eres una opción, ni un
bando, ni un partido,
porque no eres una vía alternativa y
menos un premio consuelo.
Tú
eres todo: el principio, la fuente y el fin de mi vida,
y por eso le daré al César lo que le
corresponde,
le daré a los demás lo que les es
justo,
y entregaré mis acciones responsables
a los demás.
Y
es desde ti que todo cobra sentido.
Desde ti hay compromisos de amor con
los demás,
desde ti hay responsabilidades de
amor,
desde ti hay entrega y amor
compartido,
desde ti hay misiones que cumplir,
desde ti hay decisiones que tomar y un
camino que seguir.
Ayúdame
a salir de las trampas:
esas que roban la paz,
esas que disfrazan de cordero al lobo,
esas que nos alejan de lo esencial,
esas que me alejan de mi identidad,
esas que me separan de ti.
Hoy
tomo la moneda de la verdad
y la guardo en el bolsillo del corazón
para recordar que Tú eres lo primero
y desde ti sirvo con amor a los demás.
Hoy
pongo mi moneda en el altar del cielo
para que se multiplique
y pueda repartirla con todos mis
hermanos.
Amén.


Jesús el centro de mi vida!! Gracias Magali x la Reflexión!!
ResponderEliminarGracias querida Magali por la bella meditación que esta semana nos has compartido, siendo para mí JESÚS, el centro de mi existencia, reconozco la importancia necesaria de pagar los impuestos pero, JESÚS, es quien merece de nosotros, el Amor absoluto, nuestra Fé profunda, la misma "Existencia ya que nos ha sido dada por ÉL".
ResponderEliminarDios te bendiga y te guarde siempre Magali querida.
Te envío con mucho cariño, un fuerte abrazo.
Elvira Orellana.