Llegaba a clases de 3er grado luego de pasar un momento tenso y triste. Una clase que poco a poco terminó en un diálogo con esas preguntas tan especiales que sólo los niños hacen. Era testigo de algo maravilloso que iba ocurriendo en sus tiernos y blancos corazones. Tomaba con ellas más conciencia del misterio de la Eucaristía. Y creo que la más asombrada de la clase era yo. Mi corazón pasó de la tristeza a una alegría profunda. Perdí la dimensión del tiempo, y sin darme cuenta pasaron las dos horas de clase. Sonó el timbre, ellas no querían terminar la clase ¡Y yo tampoco! Llegó entonces la siguiente profesora y sin dudar le pedí el favor de cambiar sus horas por las mías de la próxima semana. Vio a las niñas y notando que ésto era algo especial me las dio. Todas emocionadas nos juntamos nuevamente a seguir asombrándonos. Es un día de aquellos que no olvidaré. Fui un instrumento del amor y la presencia de Jesús. Y al mismo tiempo me encontré con este amor indescriptible… Me ...
Todos tenemos experiencias cotidianas que nos llenan de asombro y nos llevan a encontrarnos con la presencia de Dios en nuestra vida. Quiero compartirles mis propias experiencias sencillas y reales, que puedan animarles a descubrir las que están a su alrededor...