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El mejor sello...

  Más de una vez me he encontrado con amigos que ya son padres, y al conocer a sus hijos no dejo de sorprenderme al ver ese “sello”, ese aire que deja claro que son familia reflejado en tantas semejanzas. Ese sello no sólo físico, sino especialmente los gestos, hábitos o actitudes que no dejan de sorprenderme. Y creo que hay una experiencia humana en especial que es un sello de Dios en cada uno de nosotros. Una que personalmente me revitaliza y me llena de mucha alegría: la del encuentro. Encuentro con personas que amo muchísimo, con personas que conozco por primera vez y ya son parte de mi vida, con las que me reencuentro después de muchos años, con las que tengo la bendición de verlas todos los días, con aquellas que pasan necesidad y sufren. Y en todo encuentro, si abro los ojos del espíritu, puedo encontrarme con el mismo amor de Dios encarnado en cada uno de ellos. Encuentros que me despiertan risas y gozo, otros que me evocan dolor, algunos que me evocan preguntas, esos...

El misterio de la fragilidad

  ¿Quién puede sentirse ajeno ante este misterio? La fragilidad humana es un tema que tal vez se vuelve tabú para unos, evidente para otros y cuestionante para muchos. Es una de esas verdades que nos lleva a grandes preguntas. Y es que nuestra debilidad está frente a nosotros o mejor dicho dentro. La vivimos y la sufrimos todos. Unos para un tipo de circunstancias y otros para otras. Pero ningún ser humano con un poco de sentido común podría decir que se basta a sí mismo, que puede solucionarlo todo o que carece de defectos y limitaciones.   La fragilidad es una condición humana que en realidad puede traernos grandes bendiciones siempre y cuando la aceptemos en nuestra vida. Bien decía el Papa Francisco: “En la vida, reconocerse pequeño es el punto de partida para llegar a ser grande. Si lo pensamos bien, crecemos no tanto gracias a los éxitos y a las cosas que tenemos, sino, sobre todo, en los momentos de lucha y de fragilidad. Ahí, en la necesidad, maduramos; ahí abr...

¿Qué será será...?

  Había un piano en mi casa. Y desde niña, tengo un vivo recuerdo con mi mamá. Tocaba y me entonaba una canción, que aprendí a cantarla con ella. La letra decía así:   “Cuando yo era chiquitita, dije a mi madre ¿Qué habré de ser? ¿Seré bonita? ¿Seré feliz? Y ella me dijo así… QUE SERÁ SERÁ, SERÁ LO QUE HABRÁ DE SER, EL FUTURO NO PUEDES VER, QUÉ SERÁ SERÁ…” Me emocionaba mucho al preguntarme cómo sería yo cuando sea mayor… Han pasado más de 50 años, y aun cuando la veo, recuerdo esa honda y tierna experiencia que aún albergo en mi corazón. Más de una vez hemos soñado, reflexionado y reído juntas por muchas cosas. Hoy reconozco con gratitud que somos madre e hija, y somos a la vez dos grandes amigas… Ella ha envejecido conservando siempre su ternura, su linda sonrisa, sus ocurrencias tan inteligentes y esa mirada que atraviesa el alma cuando aún sin recordar del todo quién soy, me mira con tanto amor y dulzura. Hoy te quiero decir querida mamá, que tengo ...

Los buenos amigos...

  Si hemos de ser agradecidos por nuestros padres y hermanos. Cómo no serlo al reconocer la presencia de nuestros amigos. Una relación y un tesoro en la vida que se ha de construir y comprender con entusiasmo, esfuerzo y sinceridad. Queremos a nuestros hermanos porque han crecido con nosotros, porque tal vez hasta podemos comprender sus corazones más que cualquier otra persona. Pero creo que el privilegio de tener amigos verdaderos, es algo demasiado especial, porque nadie nos los dio, sino que libremente fuimos eligiéndolos. Hoy me conmueve mucho acoger lo que Jesús nos dice en el Evangelio de este domingo. Nos pide permanecer en su amor, nos pide hacer lo que nos pide, nos dice cuánto nos ama. Pero como de una forma “oficial” les dijo a sus apóstoles (sus amigos) y a través de ellos a nosotros, que no somos sus siervos, sino que es nuestro AMIGO, porque nos ha abierto el espíritu para mostrarnos su amor y todo lo que hay en Él. Y es que creo que una verdadera amistad es como es...

¿Por qué?

  Típica pregunta: ¿Por qué esta injusticia? ¿Por qué me tuvo que pasar a mí? ¿Por qué busco ser bueno y no me va tan bien como los otros que no buscan serlo? Y una que particularmente nos puede costar responder, es cuando estamos en el mejor momento, y nos sucede algo difícil o viene una prueba grande. Un gran triunfo seguido de algo muy triste o duro de afrontar. Contrariedades de la vida que nos lleva a preguntarle a Dios con sinceridad: ¿Por qué? Hoy en el Evangelio del domingo, Jesús nos habla de ese permanecer como un sarmiento unido a la Vid, algo tan importante. Y particularmente me quedó resonando algo que dijo: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda …” Jn 15,1 O sea, el que no da fruto y es arrancado puede tener lógica. Pero ¿ Por qué el que da fruto, y además “fruto en mi” o sea en Jesús, es podado? ¿ Por qué cortar esa rama de sarmiento que está verde y con vida? ...

¿Líder o pastor?

    Todos de una u otra manera somos líderes o pastores de nuestra familia, nuestros hijos, nuestros hermanos menores, un grupo de amigos, un grupo en el trabajo, un grupo de alumnos, un grupo de enfermos o médicos, un proyecto que emprendemos. Los sacerdotes de una parroquia o capilla, los líderes políticos de una región, en fin… Si revisamos nuestra vida tal vez podemos tomar más conciencia de ello. Por ello creo que lo primero es ser consientes si sólo queremos o decidimos liderar, o además de ello queremos ser pastores, y buenos pastores… Ser un buen líder busca alcanzar la meta de un proyecto y lo logra, pero ello no siempre implicará ser además un buen pastor. Ser además un buen pastor es algo más exigente, pero estoy segura que aproximarnos así desde las distintas misiones que la vida y Dios nos ofrece, es algo que nos lleva a una mejor lectura de nuestro camino, de nuestra felicidad y del sentido de nuestra vida. Buscar ser pastores nos hace felices y nos realiza...