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¿Dónde escribo mi nombre?

  Estaba en un auditorio con muchas bancas nuevas. Y me percaté que, en la parte posterior de algunas de ellas, había una pequeña placa con el apellido de una familia, significando que se les agradece por haberla donado. No sé si esa familia lo pidió o el instituto quiso ponerla. Lo que sí sé es que me quedó una sensación como incómoda que no supe categorizar. Y si bien no soy nadie para juzgar el hecho, sólo me vino la sensación que un gran gesto de generosidad de forma más anónima y discreta trae más paz. Porque estoy convencida que cuando ocurre eso hay un gozo hondo que se graba en el corazón, porque es como guardar un secreto de amor con nuestro amado Señor y tener la certeza que sólo lo hicimos por amor. Me vino este recuerdo, cuando estuve rezando el Evangelio de este domingo, que junto al llamado a los 72 por anunciar su reino y obrar grandes cosas en su nombre, termina con esa experiencia de alegría de los discípulos que regresan a contarle a Jesús que hasta los espíri...

Arando nuestra tierra

  Dentro de tantas verdades que este domingo nos dice Jesús en el Evangelio, hay una cita que me llamó de manera especial y que en un sentido resume las demás: «Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios.»   Lc 9,62 Que poniendo en positivo sería algo así como “si quieres estar junto a Dios, pon la mano en el arado y camina sólo hacia lo que vez en el horizonte”. Entonces, quise entender mejor en qué consiste la actividad del arado, esta tan importante para aquel que quiera recoger los frutos buenos de la cosecha.  La verdad que al entender un poco más este ejemplo que nos pone, me quedé agradecida por entender un poco más qué características importantes necesito en mi vida cotidiana para dejar que Él habite en mí y en nuestra humanidad Espero que estos sencillos puntos puedan ayudarte a poner medios concretos para cosechar los frutos de amor y gozo en Dios aquí en la tierra, donde empieza el camino al cielo. El arad...

Pan

  Desde que era niña, solía hacerle preguntas a Jesús. Y una de ellas era sobre este hermoso misterio que celebramos este domingo: Corpus Christi, la Eucaristía. Siempre me he preguntado ¿Por qué quiso quedarse presente en nuestras vidas de una forma tan concreta? ¿Por qué como alimento? ¿Por qué encerrado, donde incluso las manos de un ser humano que es sacerdote pueda traerlo para quedarse bajo llaves y seguro? Preguntas, que sólo pueden quedar en misterios e hipótesis. Y preguntas que la verdad no buscan una respuesta, sino que solo quieren concluir en gratitud, en asombro y paz de tener un Dios que no quiere mirarnos desde arriba, sino que nos busca desde dentro. Hoy, me ha resonado una muy concreta y particular: ¿Por qué Tú mi Señor,  elegiste quedarte en forma de pan? Pan sin levadura, sin colorante o sabor. Un Pan sencillo, simple y silente para que sólo quede la melodía de tu amor, el sabor de tu paz y el alimento de tu gracia infinita. Pan que alimen...

Desde lo simple

    Esta imagen es una simple imagen de un trébol. Una sencilla planta de color verde que no necesita mucha agua y busca mucho el sol. Una planta tan simple y viva que ha sido un ejemplo sencillo para explicar un misterio grande y difícil de entender, el de la Trinidad. Y hoy rezando el Espíritu me dio el regalo de acercarme a este hermoso misterio desde categorías muy simples y sencillas, quedándome muy agradecida y conmovida por lo que me quiso mostrar. Y creo que las verdades más grandes de Dios, Él más de una vez ha buscado enseñárnoslas con simbologías y ejemplo de formas concretas y sencillas. Te invito a pensar conmigo en este simple camino para poder atisbar, aunque sea un pequeño rayo de luz de este inmenso misterio. Si abro los ojos del espíritu y corazón en este día, puedo darme cuenta cuántas veces puedo saberme amada. Detalles y circunstancias que con una mirada rutinizada, desesperanzada o superficial puedo dejar pasar. Cosas hermosas de la vida com...

Este Fuego único...

  Cada año, tenemos el regalo de celebrar este tiempo de Pascua y culminar con la Fiesta tan hermosa de Pentecostés, en la que estamos agradecidos de un misterio que muchas veces no terminamos de comprender porque es el misterio del mismo amor. Y fiesta en la que buscamos comprender este misterio desde la imagen del Fuego, del Viento o de una Paloma. Fiesta en la que queda claro que es la fuerza del amor y del poder de Dios, lo que permite que podamos caminar y alcanzar la felicidad que tanto anhelamos. Les ofrezco algunas pinceladas de los primeros 4 versículos del pasaje de Pentecostés que me hablaron particularmente y que espero pueda iluminarlos un poco. “Al llegar el día de Pentecostés estaban todos reunidos en un mismo lugar”. Hch 2,1 : Los que estaban reunidos, era esta comunidad de apóstoles en compañía de María. Comunidad con la que pasaron 3 años benditos compartiendo el camino, el anuncio, los milagros y tantas experiencias con Jesús. Comunidad que puede remitir...

10 kilómetros...

  Cuántas cosas pueden pasar en 1 hora, en 10 kilómetros de camino… Y es que me quedé prendida, pensando y preguntándome qué pudo ocurrir en ese último encuentro, ese espacio de tiempo y distancia de Jerusalén a Betania. El último viaje que caminaron con Jesús antes de subir al cielo. Ya pasaron 40 días de tu Resurrección Señor, en los que los apóstoles te vieron vivo, luego de tu muerte. Comieron contigo, comprendieron tus promesas y palabras. Días de gratitud, asombro y conversión. Días en los que ahora ellos quisieron prometerte no volver a alejarse de ti, a quedarse dormidos, negarte o esconderse. Ahora contigo resucitado, quién querría apartarse de ti… Pero ya era el momento de partir. Y Tú como siempre, con amor y paciencia les hablas con la nueva promesa: “Permaneced en la ciudad hasta ser revestidos de poder desde lo alto” Lc 24, 49 hasta la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Y entonces: “Los sacó hasta cerca de Betania y alzando sus manos los bendijo” Lc 4...