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Cumplir las promesas

  “No porque el cielo esté nublado las estrellas murieron, así sucede con las promesas: existen las verdaderas que sostienen nuestra esperanza” Isabel Mayor   Qué linda manera de describir lo que ocurre en el alma al aferrarnos a las verdaderas promesas. Creo que cuando las vemos cumplidas por los nuestros, el gozo y gratitud se enciende porque es una muestra fuerte de su amor y fidelidad. Promesas que aprendimos a creer y confiar desde niños, y que a través de los años pudo llevarnos a decepciones, a ofrecer el perdón o a simplemente confirmar lo frágil que es nuestra humanidad. Pero son las mismas promesas que al verlas cumplidas, nos anima el espíritu y el amor crece. Confiar en las promesas es esperar del otro un compromiso que va más allá de la acción y de la intención. Y cumplir una promesa es el fruto del esfuerzo por ser fiel a quien queremos.    Y creo que, así como tenemos esta experiencia con los demás, también necesitamos confiar en las promesas que Dios ...

¿Cuál es tu color?

  A mi mamá de 90 años le encanta pintar. Y frente a una bandeja de colores siempre termina eligiendo el rojo. Se taja y taja ese color, siendo el primero en gastarse entre todos. Y conociéndola, es el color que mejor la caracteriza. Siempre me ha gustado hacer una simbología y analogía que refleje la infinita variedad de colores y matices que existen con la variedad de seres humanos, ya que cada persona en este mundo es única e irrepetible. Cada uno de nosotros es muy distinto teniendo una manera de ser, de pensar, de reaccionar, de sentir, de vivir las cosas más o menos intensas, con diversos sueños, con realidades que a unos les afecta más que otros. Cada uno de nosotros tenemos talentos que nos caracterizan, trabajos y actividades que nos apasionan como otras que no nos gusta y desgasta. Tenemos una forma muy particular de expresar los sentimientos, de relacionarnos con los que queremos y con los que evitamos. Guardamos una forma especialísima de relacionarnos y amar a Dios. En...

Ser hijos...

  Qué sensación tan entrañable la que hemos vivido con abrazo y cariño de nuestro padre. Tal vez ya partió al cielo, pero evoquemos de la memoria alguna experiencia en la cual nos hemos sentido cuidados, protegidos y libres al estar a su lado. Me viene esta experiencia, porque este domingo celebramos la fiesta del  bautismo de Jesús (y con ello se acaba el tiempo de Navidad). Y al estar leyendo este Evangelio, a diferencia de otros años, me quedó resonando una sola experiencia: la de Jesús como el Hijo amado. Cuenta el pasaje que Jesús al ser bautizado, el Padre le dijo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco». Lc 3, 22 Me puse a pensar entonces, en el privilegio que tenemos todos de ser también hijos del Padre. Y si es tanto lo que podemos recibir del amor de un padre en la tierra, cómo será el de nuestro Padre del cielo. Poder recibir toda esa seguridad, esa libertad, ese cuidado o esa ternura al sabernos amados y cuidados por Él. Que  en esta semana   pod...

Un hilo...

    Me ha encantado siempre admirar y comprender un poco más el ejemplo de los sabios de oriente. Éstos que dejando comodidades se arriesgaron a dar un viaje tan largo, difícil e inseguro. Dejaron todo porque creyeron en un presagio y confiaron en la luz de una estrella. Un misterio, que por algo está presente en la Biblia. Una historia y un ejemplo que hoy me llevó a pensar en ese gran anhelo y aquel deseo profundo que tiene todo ser humano por seguir la estrella que pueda guiarnos a nuestras verdaderas metas, que nos lleve a cuidar y mantener lo innegociable de nuestra vida. Hoy al rezar en este misterio, me vino el pensar que todos tenemos estos importantes deseos que son como un hilo que no se rompe y que es firme porque atraviesa todo lo que somos y vivimos. Un hilo que llevó a los sabios a tanta aventura, tanto riesgo y tanta certeza de ver en un recién nacido a la respuesta de sus búsquedas y deseos. Escribí esta oración que busca graficarlo, espero que les ay...

Buscar el control...

    Tan de nuestro tiempo este tema. Parece una necesidad el planear la vida, las rutas y proyectos. Esa imperiosa necesidad de tener todo controlado porque no podemos fallar, porque tenemos miedo a equivocarnos o al fracaso. Es como si el triunfo de la vida dependiera del resultado de las obras… Algo tan metido en las venas de este mundo, que aunque no quisiéramos puede saltar temor y desconfianza cuando algo se escapó y no podremos medir las consecuencias.   Y justo este domingo en que celebramos la Sagrada Familia y en esta octava de Navidad, al rezar el Evangelio que relata la historia de Jesús perdido y hallado en el templo,  me vino este defecto de nuestro mundo. Y bueno, en este caso no es “cualquier cosa” lo que se salió de control: se les perdió un hijo por 3 días, y encima se les perdió Jesús… Una preocupación y miedo tan pero tan válido para María y José. Pensar que a su hijo, el Salvador, podría pasarle algo… 3 días de preocupación, de angustia. En los qu...

Peregrinar...

  En los últimos días, he tenido la oportunidad de viajar por carretera, cargar maletas y vivir diversas aventuras. He contemplado la noche y el amanecer desde diferentes altitudes y temperaturas, con momentos de hambre y sed. Un viaje realizado en compañía de mis hermanas, y con una meta clara, como todo buen viaje. Hoy, al reflexionar sobre el Evangelio de este último domingo de Adviento, me alegró notar que esta experiencia se conecta con un tema común: el peregrinar. Recordamos a María, quien, al aceptar el llamado de Dios para ser la Madre de Jesús, se apresuró con decisión a visitar a su prima Isabel, viajando hacia un lugar lejano. Qué fortaleza, tanto exterior como interior, mostró al atravesar zonas peligrosas y distantes, motivada por el único deseo de servir a su prima anciana y embarazada. Su fuerza y entusiasmo nos enseñan que el amor es el verdadero motor de la vida. Este viaje puede reflejar lo que significa para todos nosotros lo que es el peregrinar de nuestra exis...