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Tráeme algo...

  Cuando era niña, y mi mamá salía a la calle o viajaba, me acostumbraba a decirle: “Tráeme algo” a lo que ella me decía: “¿Qué?” y le respondía: “No sé, algo…”. Y ella sabía qué traerme un detalle, un dulce, pero algo. Sabía que lo haría, confiaba en ella y la quiero con todo mi corazón. Otras veces no era necesario pedirle "algo" que necesite. Ella por ejemplo, cosía mi ropa muy bien, haciéndome esa blusa o vestido que necesitaba para esa fiesta de cumpleaños o para salir a jugar y ensuciarme en el parque.   Yo confiaba en ella, le agradecía y la quiero con todo mi corazón… Qué regalo del cielo es tener personas en quien confiar. Esos amigos o familiares con quieres podemos pensar en voz alta y caminar libremente a su lado porque sabemos que nos comprenden y trascienden. Aquellos que nos conocen bien y que incluso nos hacen favores por adelantado, sabiendo que pronto los hemos de necesitar. Confiar y amar van de la mano. Confiamos más en aquellos que amamos más. Tal v...

El activismo

  Un tema tan actual y comprensible. Estando a mitad de año, en horarios tan exigentes, en trabajos muchas veces retadores y hasta con tráficos que complican las distancias, creo que la historia de este domingo sobre Martha y María puede ayudarnos. Una historia en la que Jesús al alojarse en la casa de Martha, María y Lázaro, tiene a la primera atendiendo a Jesús y sus discípulos como muestra de cariño y gratitud, y a la segunda sentada a sus pies escuchándole. Historia en la que, como buenas amigas de Jesús y en confianza, Martha le pide a su Amigo que haga reaccionar a su hermana y le ayude. Y en la que Jesús le responde con la famosa frase: “Marta, Marta estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte que no le será quitada”. Lc 10, 41-42 Entonces viene como una sensación de injusticia o incomprensión a este comentario. Suena como si Él nos pidiera estar a sus pies orando y contemplándolo cuando el m...

Ver sin temor

  ¿Te ha pasado alguna vez que al mirar a aquella persona que te necesita y, al percibir su dolor, percibes esta maravillosa solidaridad humana que lleva a empezar a vivir su historia y sufrimiento? Y entonces llega la duda, porque hemos de tomar una decisión: cerrar los ojos pasando de largo o abrirlos más para acompañarlo. Una decisión cotidiana pero difícil, porque viene con experiencias de temor, pereza, egoísmo o impotencia. Una decisión en la que, al final, decidiremos vivir o no como el buen samaritano de la parábola de este domingo. Pero también estoy segura que todos hemos experimentado alguna vez ese gozo que viene luego de haber servido, ayudado o entregado cosas buenas a los nuestros o a los que nos necesitan. No hay mucho que explicar o describir, podría quedar corto describir el misterio del amor a los demás. Hoy te animo a renovar esta decisión de abrir los ojos para ser buenos samaritanos como Jesús, a quien el amor por ti y por mí le lleva a darnos tanto ca...

La fuerza del río

  Nunca me voy a olvidar la experiencia que viví a los 16 años cuando viajé con mis amigas de colegio por el río Urubamba (allí abajo salgo en la foto) . Me acuerdo que estaba sorprendida de la fuerza, de lo precavidas que debíamos estar con un chaleco de seguridad y con varias indicaciones; porque el cauce del río era fuerte.  Estar en medio del río era especial. Se sentía de forma clara como era necesario dejar que fluya su cauce, hacerlo en equipo y confiar en nuestro guía del viaje. Estaba rodeada de una naturaleza tan bella y en medio con un río que transmitía vida y movimiento.  Luego de una experiencia así te pueden venir diversas preguntas. ¿De dónde viene su fuerza y vitalidad, la que es capaz de arrasar con todo lo que le viene? ¿O por qué otras veces es un cause casi vacío, débil que parece estéril y ausente de vitalidad? ¿Cuál es su fuerza, cuál es su causa, que le mueve o detiene? Y la respuesta es simple pero esencial: el agua. Sin el agua, el río senci...

Preguntas...

  Me acuerdo que en el colegio me gustaba usar las enciclopedias y los diccionarios, porque me venían muchas preguntas y dudas que quería resolver. Tenía muchos por qués, muchos dónde y diversos para qué. Y es que cuando uno empieza a imbuirse en algo importante y algo que empieza a apasionarnos mucho, no surge la tranquilidad de lo recibido y aprendido, es al revés, como algo que se activa, que nos emociona y nos lleva a ahondar en el misterio que nos asombra. Y creo que eso también puede ocurrir en las relaciones humanas, con esas personas que son significativas en nuestra vida. Preguntas que se van dando cada cierto tiempo, y mediante las cuales ahondamos en nuestras relaciones, en mejorar algún aspecto, en aclarar actitudes o sencillamente el preguntarnos por qué esa persona nos ama tanto y nos lo muestra de tantas maneras. Esa hermana, esa amiga, ese esposo, esa madre, ese nuevo amigo, esa tía; personas que de una u otra manera nos animan a dar gracias y a querer fortalecer ...

Hambre

  ¿Cómo definir y describir esta experiencia? Una cosa es tener hambre por algunas horas si se dejó de desayunar o almorzar, pero pensemos en el que es doloroso cuando no tenemos sustento para alimentarnos y más aún cuando no podemos dar alimento a los nuestros. Una necesidad tan humana, básica y cotidiana. Una experiencia que evidencia nuestra vulnerabilidad. Me viene esta experiencia porque hoy celebramos la Solemnidad del Cuerpo de Cristo en el que admiramos y agradecemos por este don inmenso de amor y entrega. Y el Evangelio no es la Última Cena, sino es el pasaje de la multiplicación de los panes. Narra la experiencia de más de 5,000 personas que estaban tan maravillados con las palabras de Jesús, que no se hicieron problemas de estar en un descampado, lejos de un lugar para alimentarse. Y cuenta la historia que los apóstoles al tomar conciencia de la hora le pidieron a Jesús que los despida porque no tenían nada para ofrecerles, a lo que Jesús les responde: “dadle vosotro...